domingo, 30 de diciembre de 2007

Un monje Zen llamado Leonard Cohen.


En 1993 Leonard Cohen entró en un monasterio Zen de Los Ángeles y salió seis años después sin entender la filosofía budista. Durante ese tiempo Leonard Cohen, el monje Jikan, tenía representante musical, coche y un ordenador en su celda. Al mismo tiempo era cocinero, secretario y chófer en las giras del gran maestro Roshi. "Me acercaba a los 60 años y mi viejo profesor y gran amigo (el maestro Roshi) estaba a punto de cumplir los 90. Pensé que no le quedaba mucho tiempo, que tal vez a mí tampoco, y creí que era el momento de reforzar mi unión con él, de estudiar más a fondo sus enseñanzas. Entonces me hice monje. No fue porque estuviera buscando otra religión, no; yo estoy contento con mi propia religión. La vida allí arriba no es una vida religiosa, sino de trabajo duro y de estudio. Después de un cierto período, empecé a sentir que mis conocimientos habían llegado a un punto determinado y tuve una revelación: me di cuenta de que no tengo talento para los estudios de religión. No creas que me sentí contrariado, sino aliviado, relajado: ya no tenía que estudiar más. No es que encontrara lo que buscaba, pero creí llegado el momento de bajar, así que le pedí permiso a mi viejo profesor. La escuela que representa mi maestro pone mucho énfasis en la vida y el trabajo ordinario, que es muy estructurado, severo, estricto. Lo que ocurre entonces es que uno deja de pensar en sí mismo. Realmente nunca entendí la filosofía Zen. Lo que me mantiene unido a ella es mi amistad con Roshi: como todo gran maestro, lo que él hace es acomodarse al estudiante que se le acerca. Algunos buscan un maestro y otros, disciplina. Yo necesitaba un amigo y él me dio un montón de afecto. No buscaba una elevación espiritual, sino una solución a la presión de mi vida, y me daba igual si eso pasaba por la religión, la cocina o la filosofía. Pero aunque lo intenté, no conseguí entender el concepto budista".
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