02 agosto 2008


A principios de los años 90, la Factory Records, una de las mayores productoras de música independiente de Inglaterra, tenía serios problemas económicos. Cuando decidieron sacar nuevo material de dos de sus más emblemáticas bandas, The Happy Mondays y New Order, para poder pagar las deudas, terminaron de arruinarse. La grabación del Lp de regreso de New Order, "Republic", superó las 400.000 libras y la del disco "Yes, please" de The Happy Mondays se convirtió en toda una odisea. Los Happy Mondays por aquel entonces estaban muy enganchados a las drogas, especialmente a la heroína. Desde la Factory decidieron enviarlos a la isla de Barbados, un lugar donde no había heroína, para que grabaran su disco. El problema fue que en Barbados no había ni una gota de heroína pero sí toneladas y toneladas de crack y cocaína. Los chicos de Happy Mondays se gastaron las 200.000 libras que le dieron para grabar su CD en drogas. Cuando se les acabó el dinero, vendieron sus ropas, cuando se les acabó la ropa para vender, robaron sillas y sillones del estudio de grabación y los vendieron por más drogas. Al final, Factory Records cayó en bancarrota y decidieron vender todo a la London Records. El precio era de 4 millones de libras por todo lo que le pertenecía a Factory Records. Sin embargo cuando los abogados de London Records vieron el contrato que habían firmado las bandas con Factory dieron marcha atrás. No había contratos, no había firmas, no había nada. Las bandas y Factory confiaban entre ellos y solo tenían contratos de "palabra". Sin contratos, no había nada para vender y London Records se volvió a Londres. La Factory Records, finalmente, tuvo que cerrar sus puertas en noviembre de 1992.
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