17 octubre 2009


El 17 de septiembre de 2009, Elizabeth McCutchen y una amiga estaban paseando por la pequeña ciudad de Farmville, en Virginia, Estados Unidos, cuando un fuerte olor les hizo pensar que había un animal muerto en los alrededores. "Nunca imaginé que el olor proviniera de restos masacrados de cuatro seres humanos", declaró. Sin embargo, tuvieron que pasar otras 24 horas hasta que la policía encontró el macabro hallazgo. Richard Samuel McCroskey, de 20 años de edad y cantante de horrorcore, un género musical cuyas letras versan sobre desmembrar cuerpos y asesinar gente, fue arrestado como el presunto autor del asesinato de esas cuatro personas. La escena del crimen era tan horrible que ni la policía pudo describirlo, sólo dijeron que las cuatro personas murieron por severos traumatismos. Las víctimas fueron Mark Niederbrock, de 50 años, un sacerdote muy querido de la Iglesia Presbiteriana de Walker; su hija de 16 años, Emma Niederbrock; Melanie Wells, de 18 años y amiga de Melanie; y la esposa del sacerdote, Debra Kelley, de 53 años de edad. Según parece, Emma Niederbrock, la hija del matrimonio asesinado, también era fan de ese género musical y eso le llevó a entablar amistad con McCroskey por Internet y a invitarlo a su casa. Ambos jóvenes tenían la intención de acudir juntos al Festival de Wicked, un festival horrorcore que se celebra en Michigan. Poco tiempo antes de los asesinatos, McCroskey, quien usaba el sobrenombre de Syko Sam, había colgado un vídeo en YouTube donde se le podía ver cantando, con un hacha en la mano, una canción que hablaba de matar a gente y de poner sus restos en bolsas negras de basura. "Anoche fui la furia asesina. Ahora, me tengo que deshacerse de los órganos de los cadáveres antes de que comiencen a oler a podrido", decía la siniestra canción. Nadie podía imaginar que poco tiempo después haría realidad lo que decía en su canción. McCroskey fue arrestado en el Aeropuerto Internacional de Richmond cuando esperaba para coger un vuelo hacia California. Cuando era conducido a la cárcel, se le oyó decir a los periodistas: "Jesús me ordenó hacerlo".



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