

Lo más notable es que su pelo castaño y espeso todavía estaba peinado tal y como lo había peinado un familiar antes de que fuera enterrado. Las conclusiones del forense fueron tajantes: Bopper había fallecido a consecuencia de las masivas heridas provocadas por el accidente. Tras la autopsia, los restos mortales del cantante fueron enterrados en un nuevo ataúd, y el anterior quedó en posesión de su hijo. Desde entonces el ataúd de acero, que sorprendentemente se encontraba en muy buenas condiciones, ya que tras pasar 48 años bajo tierra tan sólo tenía algunas manchas de óxido y de cal, ha estado expuesto en el Museo de Músicos de Texas en Hillsboro, Texas. A finales del año 2008, Jay Perry Richardson anunció que tenía la intención de vender el ataúd por eBay, y que el dinero conseguido con la venta sería destinado a mantener viva la memoria de su padre. Sin duda, una morbosa venta que supuso una oportunidad única para todos aquellos que siempre han deseado poseer un trozo de la historia del rock.













