01 enero 2008


La vida de Tina Turner al lado de su marido Ike Turner fue un infierno de violencia, aunque esa violencia sólo llegaba al escenario cuando Tina se presentaba con un ojo morado o con un labio roto. Estas continuas vejaciones y la tortura mental a que Ike la sometía, la llevaron a un intento de suicidio en 1968 y a abandonar a su marido cuando estaban en pleno éxito. Se fue con 36 centavos y una tarjeta de gasolina. Entonces, comenzó para ella una etapa muy difícil: "No tenía nada, pero tenía mi libertad". Se pasó dos años escapando de Ike, alojándose en casas de amigos y limpiando pisos para pagar sus deudas. Para hacerle las cosas más difíciles, Ike le envió sus cuatro hijos (dos de su anterior matrimonio) y luego la llevó a juicio por la pérdida de shows. Tina le dijo: "Tú llévate lo que he hecho en los últimos 16 años. Yo me llevo mi futuro". Tina, con cuatro hijos a cuestas, pasó por una época oscura y se dedicó a actuar en cabarets y salas nocturnas. En 1975 reapareció en una versión cinematográfica de la obra "Tommy"; sin embargo, su vida siguió dependiendo de cupones de comida y actuaciones en cabarets y bares para alimentar a sus cuatro hijos. En 1976 un juez le concedió el divorcio consiguiendo arrebatar a Ike la única esperanza de futuro que tenía: el nombre artístico de "Tina Turner". El éxito llegó lentamente. Tina apareció un programa de variedades de Cher y en el especial de Olivia Newton John de 1979, sonando más como alguien con un pasado que como la encarnación del rock del futuro, pero consiguió fichar por el sello EMI, con lo que comenzó la etapa más brillante de su carrera. En 1981 volvió a ser telonera en los conciertos de Los Rolling Stones y de Rod Stewart. En 1984 grabó su mejor disco, "Private Dancer", del que logró vender más de 10 millones de copias. En menos de un año, Tina pasó de ser "la mujer de Ike" a lo que una revista llamó "la estrella más querida de los 80". Su comparecencia se fue haciendo imprescindible en cualquier acontecimiento relacionado con la música rock. Los estadios se llenaban a rebosar para contemplar los movimientos y las piernas de Tina Turner. Después de los años difíciles al fin pudo sonreír al decir: "Tengo un control total sobre mi vida".

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