12 mayo 2008


En el año 2003 el gran Luciano Pavarotti le pidió a Bono, cantante de U2, que se uniera a él para cantar en Módena, Italia, en un concierto benéfico a favor de los refugiados iraquíes. Bono acudió de inmediato a la llamada de su viejo amigo y se subió al primer avión con destino a Módena. Pero una vez ya Italia, se dio cuenta que con las prisas se había olvidado en casa su fetiche favorito, sin el cual no podría cantar: su gorra de color verde oliva preferida. No se lo pensó dos veces, cogió el teléfono y mandó a sus asistentes que la llevaran en taxi hasta el aeropuerto londinense de Heathrow y la subieran en un avión hacia Italia en primera clase. Preocupado de que el precioso objeto fuera aplastado, robado o que se perdiera en su espacioso sillón, la tripulación del avión la transfirió de su butaca numerada de primera clase a otra más segura cerca del capitán. El vuelo de la gorra le costó a Bono la nada despreciable cantidad de 1.000 libras esterlinas, unos 1.500 euros.

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